QUIMERAS Y DESAFÍOS



Nada soy, nada he sido y no puedo pretender ser nada... aparte de eso guardo en mí todos los sueños del mundo!! (F.Pessoa)

Cantante, guitarrista, autor de canciones, psicoterapeuta, funcionario en excedencia ahora que me acuerdo, estudiante universitario a mi edad y escritor aficionado noctámbulo, noctívago y nocherniego...
Todo lo que la vida me ha ido enseñando se puede resumir en dos palabras: sigue adelante!!

Besos y abrazos
Dorchy Muñoz



Páginas vistas en total

sábado, 7 de julio de 2012

“Si te cuentan que te amo, si te dicen que te quiero”



Hoy al ver este video de mis amigos Juan y Diana recordé este viejo y "durillo" relato. Besos y abrazos. Amador


Si te cuentan que te amo, si te dicen que te quiero”

-Tú como siempre hijo, dijo ella, aprendiz de todo, pero maestro de nada.
-Y tú eres peor que la puta perra que tuvo la mala suerte de parirme, no te jode, dijo él.
-No hables así de tu madre coño ¿no te da vergüenza?
-No hablo de mi madre, estoy hablando de ti o es que no te enteras ignorante.
-Ya estás borracho de nuevo, todas las noches lo mismo, esto es el cuento de nunca acabar.
-Prefiero estar borracho que no loco, como lo estás tú, histérica, que eres una histérica!
-Por eso bebes tú y te pones como te pones porque estás medio loco. Dijo ella.
-La locura se contagia, sabes? Dijo él. Yo antes no era así.
-Y lo peor es que no te das ni puta cuenta, dijo ella, estás medio volao todo el día, no paras de fumar y echar fuego por la boca y te bebes casi una botella de whisky.
-Mira guapa, sabes qué te digo? Que me cago en la maldita hora en que te conocí y pírate que me estás poniendo de los nervios.
-Pues sabes qué te digo yo, dijo ella, que ahora mismo me visto, cojo a la niña, me llevo el coche y me voy a casa de mi hermana, que llevo semanas sin verla… y casi mejor que no me esperes esta noche que pienso quedarme allí.
-Mira por mí como si te tiras por el Viaducto, pero a la niña que no le pase nada, eh! Vete a ver a tu hermanita, la felizmente casada...
-Pues no te creas tan listillo que igual te quedas solo, más de una vez he pensado en no volver, lo que pasa es que en el fondo me das pena.
-Pena yo? Mira vete ya que me estás poniendo malo. Date una vueltecita a ver si te da un poquito el aire que aquí ya estás sobrando.
-Me piro, dijo ella.
-Eso, pírate y cállate la puta boca de una vez, que tengo que seguir escribiendo y no me dejas concentrarme!
Fue en ese preciso instante, al terminar de leer las últimas frases del diálogo que acababa de escribir, cuando pensó que aquello había llegado demasiado lejos. La escritura de esa novela le estaba perturbando, le llevaba a trompicones por unos caminos que él, como autor, como aprendiz de novelista, no quería recorrer ni por exigencias del guión. Esa novela le estaba chupando la sangre, le había hechizado, parecía haber cobrado vida propia y él se había convertido en un mero escribiente, en su mecanógrafo de turno. Guardó el archivo de texto con un gesto maquinal de puro hastío, pulsó sobre la carpeta “mis nuevos escritos” y picó sobre la crucecita roja “eliminar”. Cerró todas las ventanas, fue al icono de la papelera de reciclaje y la abrió con un sonoro golpe de ratón. Pulso la opción “vaciar papelera de reciclaje”, “inicio”, “cerrar sesión” y “confirmar”.
Apagó el monitor y con mucha calma se fue al baño a mear. Al regresar echó las persianas, se sentó de nuevo ante su mesa de trabajo y se quedó un rato en silencio, mirando al desabrido infinito de la pared. Sacó tres o cuatro folios en blanco que colocó sobre el escritorio, encendió un cigarro, bebió otro sorbo de café y empezó a garabatear en uno de ellos con un bolígrafo de color negro. Al cabo de unos minutos aquél folio estaba pintarrajeado por todas partes y parecía una lámina de Rorschach. Y antes de que se le viniera la pared y el nuevo folio blanco encima ya había decidido que nunca más se permitiría aquello. Nunca dejaría que una historia ni sus personajes se le rebelaran de ese modo. No aceptaría nunca, bajo ningún pretexto o flojera de ánimo creativo, que un nuevo escrito se adueñara de él, de su inspiración, de su dedicación, de esa manera. Que ninguna trama le robaría el sueño ni le despertaría de madrugada con inesperados giros y desenlaces imprevistos. Ninguna historia a partir de ese momento lo iba a merecer, por mucho que pudiera parecerlo.
Se acercó hasta la cocina, se sirvió otro café solo y al sentarse de nuevo ya todo estaba decidido: Si te cuentan que te amo, si te dicen que te quiero” por Dorchy Muñoz, escribió.
Se quedó absorto en aquella frase, la releyó varias veces y al final, sonriendo, encendió un nuevo cigarrillo y en vehemente sottovoce se dijo para sus adentros: eureka, alea jacta est, ya tengo nueva novela!!
©AMS Madrid
Septiembre de 2009




No hay comentarios:

Publicar un comentario