QUIMERAS Y DESAFÍOS



Nada soy, nada he sido y no puedo pretender ser nada... aparte de eso guardo en mí todos los sueños del mundo!! (F.Pessoa)

Cantante, guitarrista, autor de canciones, psicoterapeuta, funcionario en excedencia ahora que me acuerdo, estudiante universitario a mi edad y escritor aficionado noctámbulo, noctívago y nocherniego...
Todo lo que la vida me ha ido enseñando se puede resumir en dos palabras: sigue adelante!!

Besos y abrazos
Dorchy Muñoz



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lunes, 28 de febrero de 2011

“Levantera”



“Levantera”
Aquel verano solía bajar con ella a la playa poco antes del atardecer. Pero tras el primer baño, casi nunca soportaba quedarse tirado en la arena, de modo que se acercaba al chiringuito, sacaba su bloc de notas y se dedicaba a tomar ideas, como fotos instantáneas, para la ambientación del artículo que sobre el pueblo y sus alrededores, tenía pensado publicar en la revista de viajes. Observaba con atención al tiempo que con obligado recato, los detalles más insignificantes de la gente que llegaba al bar. Unos, vestidos de calle recién llegados en sus coches, otros, en actitud deportiva y ropa cómoda, algunos llegados en bicicleta y cómo no quienes se tomaban algo en bañador o en bikini, recién salidos del agua o de la tostaera de los últimos rayos de sol que le restaban a la tarde. Le gustaba especialmente observar a los guiris y sus peculiares costumbres.También la observaba a ella, en la distancia, mientras realizaba sus rigurosos ejercicios diarios de gimnasia. Aquella tarde él la había avisado de que no podía esperarla como era su costumbre. Tenía que terminar un artículo para la revista de psicología, que se le estaba atragantando un poco. De manera que mientras apuraba la cerveza y un cigarro escribió improvisadamente una nota para ella, que arrancó del cuaderno y dobló cuidadosamente. Llamó al camarero y le comentó si recordaba a la mujer que solía estar con él allí cada tarde. Si, dijo el camarero, son ustedes ya clientes habituales, sonriendo. Le agradecería entonces que guardara esta nota y se la entregara sin falta cuando ella regrese, le estaría muy agradecido. No se preocupe, dijo el camarero, para mi no significa ninguna molestia. Gracias, cóbreme la cerveza y el café con hielo habitual de la señora. Era ya casi de noche cuando ella se acercó al chiringuito, se sentó en la mesa habitual, la de la esquina, esa que tanto les gustaba porque era quizá la más discreta de todas y la más cercana a las rocas que dan paso al mar donde muere la playa. Tomó asiento mientras se desenredaba el pelo, hasta entonces sujeto a la nuca con una goma y le pidió al camarero un café con hielo y poco azúcar. El camarero le sirvió el café y le entregó la nota: la ha dejado para usted, el caballero que suele acompañarla cada tarde. Ah, muy bien, muchas gracias, le dijo ella. Por cierto, dijo el camarero, su café ya está pagado. Abrió con cierta torpeza la nota y leyó en ella: “quisiera ser el Levante que agite las pestañas de esos hermosos ojos oceánicos”. No llevaba firma. Apuró el café, se montó en el coche y se dirigió a casa conduciendo lentamente. Al llegar, él estaba tecleando en el ordenador, se saludaron, ella fue a darse una ducha y él siguió con sus quehaceres. Ya sobre las diez y media el artículo estaba prácticamente terminado y le pareció una buena hora para cenar.
-Nena, le dijo, es la hora de cenar, he preparado un gazpachuelo y un deep de aguacates con gambas.
-Enseguida estoy contigo, dijo ella.
Era una pelea diaria que comiese algo, ella parecía mantenerse del aire y los cafés y casi nunca se acordaba de comer. El por el contrario, tal vez por sus dolencias de estómago, debía comer más a menudo y era más o menos riguroso con el horario de las comidas, cosa que por otro lado ella agradecía: no sólo se olvidaba de comer, es que además le tenía verdadera aversión a la cocina. Se sentaron a la mesa.
-Quieres un poco de vino? , dijo él, tengo un Barbadillo en la nevera.
-Pues mira, dijo ella, ahora que lo dices, hoy si que me apetece tomar un vinito.
Se acercó a la cocina, trajo el Barbadillo y sirvió dos copas bien terciadas, le propuso un tácito brindis con un simple ¡salud! y dijo: porque hoy es hoy, porque por fin termino el puto artículo y porque además hoy estás... escandalosamente guapa.
-Sí, de verdad? tú crees que estoy guapa? dijo ella.
-Si, si lo estás, te brillan los ojos, dijo él y tienes las mejillas colorás.
-Bueno, te lo preguntaba porque hoy alguien me dijo que tenía unos hermosos ojos oceánicos.
-Interesante, dijo él, creo recordar que esa expresión es de Neruda...
Ambos sonrieron, terminaron casi en silencio de cenar y tras el café se despidieron hasta dentro de un rato: tenían algo de trabajo pendiente cada uno en su despacho.


 AMS en Cadiz

1 comentario:

  1. A veces es vital desencontrarse varias veces antes de encontrarse de nuevo.

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