QUIMERAS Y DESAFÍOS



Nada soy, nada he sido y no puedo pretender ser nada... aparte de eso guardo en mí todos los sueños del mundo!! (F.Pessoa)

Cantante, guitarrista, autor de canciones, psicoterapeuta, funcionario en excedencia ahora que me acuerdo, estudiante universitario a mi edad y escritor aficionado noctámbulo, noctívago y nocherniego...
Todo lo que la vida me ha ido enseñando se puede resumir en dos palabras: sigue adelante!!

Besos y abrazos
Dorchy Muñoz



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sábado, 26 de marzo de 2011

“Sofía y su realidad imaginaria”



“Sofía y su realidad imaginaria”

Bueno chicos, y ahora, dijo la profesora, como habéis podido ver en este fragmento del libro, Alicia, a través del túnel entra en un mundo de sueños, un mundo imaginario, construyendo una nueva realidad, una “realidad imaginaria”. Vuestro trabajo para mañana es que partiendo de una pequeña idea que os sugiera vuestra vida cotidiana, escribáis un cuento. No hace falta que sea largo, con un folio por una cara es suficiente, pero sí tiene como condición que esté inventado de verdad y escrito por vosotros.
Sofía se quedó pensativa, dudaba mucho de que se le pudiera ocurrir un cuento a ella sola, vivía demasiado inmersa en la realidad y no era dada a grandes fantasías, aun así lo intentaría. Al llegar a casa, ya por la tarde y entrar al portal, escuchó cómo sus padres ya estaban discutiendo. ¡Hasta allí llegaban las voces! Abrió la puerta y entró en la casa con cierto sigilo y un tanto de miedo. Sus padres no parecieron darse cuenta de su llegada y ni la saludaron. Se dirigió a su habitación y echó el cerrojo, aquellas situaciones siempre le provocaban un pánico que la paralizaba. Se tumbó en la cama, aún con la ropa de calle puesta, podía seguir escuchando todavía como su padre alzaba la voz, blasfemaba y profería insultos dirigidos a su madre y su familia, mientras ella gimoteaba sin parar y le pedía por favor que se callara: “no sé si te has dado cuenta pero ya ha llegado la niña”. Cesaron las voces y cierta tranquilidad presidió la tarde, Alicia abrió su mochila del cole, cogió un cuaderno y empezó a escribir la historia para el día siguiente. A las nueve, cuando su madre llamó a su habitación para avisarle de que era la hora de la cena, todavía no tenía nada escrito. Se había bloqueado ante el cuaderno de cuadros, y como ya había supuesto, se sentía incapaz de escribir un cuento.
Terminaban de cenar su padre, su madre y ella sin haberse hablado apenas entre los espaguetis y la manzana del postre, cuando apareció su hermano mayor. Traía las ropas descompuestas, los ojos un tanto vidriosos e intentaba disimular con poco acierto el involuntario batir de sus mandíbulas. Al entrar dijo: buenas noches, que aproveche, no tengo hambre, hoy no cenaré, si no os importa me voy a mi habitación, vengo cansado. El padre se levantó y le dijo, de acuerdo Max, pero antes ven aquí un momento. Acércate y échame el aliento, si no me equivoco tu vienes bebido. Se acercó a su padre y estando ya los dos cara a cara, el uno frente al otro y sin mediar palabra el padre le soltó un sonoro bofetón con la mano bien abierta. El muchacho bajó la mirada y se echó a llorar. No llores, que ya eres un hombrecito, vete a la ducha, que apestas a alcohol y después a la cama a dormir la mona. ¿Y tú? -dirigiéndose a la madre- ¿no tienes nada que decir en este asunto? Porque toda la culpa es tuya por haberle consentido tanto, de seguir así dejará los estudios y no valdrá ni para descargar camiones.

Mientras tanto Sofía callaba, le temblaban las piernas por debajo de la mesa y se sintió aliviada cuando su madre le dijo: hija ve a lavarte los dientes y si quieres vete a tu habitación, mañana si puedo te llevaré al colegio en coche.
Sofía tardó un tiempo en dormirse, aún se oía alguna voz que otra fuera de tono en el dormitorio de sus padres y ella se sentía profundamente culpable de no haber escrito el cuento ¿Qué iba a decirle a la profesora?

La profesora entró en clase y antes de sentarse dijo: bueno chicos, estoy deseando leer esos cuentos que habéis escrito. Dejarlos ordenados sobre mi mesa y no olvidéis poner el título y vuestro nombre. Al poco, ésta alzó la voz y dijo: señorita Sofía, no la he visto traer su cuento ¿puede darme alguna explicación al respecto?

- Verá señorita, dijo Sofía, no he podido escribirlo.
- ¿Y eso por qué?, dijo la profesora, si puede saberse.
- Mire, dijo Sofía, ayer al llegar a casa me encontré con que era el cumpleaños de mi hermano y yo lo había olvidado. Había una pequeña fiesta en casa, una merienda para todos sus amigos, mi padre y mi madre habían preparado sanwiches y aperitivos y estaban también los padres de algunos de los amigos del barrio. Después tuve que ayudar a mi mamá a recogerlo todo y no tuve tiempo de escribir el cuento.
- Está bien dijo la profesora, si es así, tienes un día más para escribirlo, pero mañana lo quiero aquí sin falta.

Esa tarde al salir del colegio, Sofía se sentó en un banco del parque antes de ir a casa. Sacó el cuaderno de cuadros y comenzó a escribir. A la mañana siguiente dejó su cuento en la mesa antes de que llegara la profesora, cuando ésta llegó lo cogió y lo leyó en voz baja: “He salido del colegio muy contenta y antes de llegar a casa me he tumbado en la yerba del parque a ver jugar a los niños en los columpios. No sé cómo pero me he quedado dormida sobre el césped hasta que un perrito, un cachorro labrador, me ha despertado con un lametazo en la cara. Es de unos chicos casi de mi edad que estaban en el parque. He pasado la tarde con ellos y jugando con el perro. Me gustan mucho los perros, pero mis padres no me dejan tener uno. Al llegar a casa mi padre y mi madre estaban en la cocina preparando la cena, mi hermano ha llegado a tiempo y hemos cenado los cuatro juntos. Luego ya en mi habitación me he puesto a escribir esto que ahora tiene entre sus manos.

-Sofía, pero esto no es un cuento, dijo la profesora, es un relato de lo más cotidiano y yo te pedí que imaginaras, que inventaras algo nuevo a partir de un hecho real.
- Lo intenté, pero no se me ocurría nada, dijo Sofía, espero hacerlo mejor la próxima vez.
-Está bien, dijo la profesora, por esta vez pasa, pero recuérdame que te dé una lista de cuentos para leer en estas vacaciones.

Y os recuerdo a todos, dijo en voz alta, que este ejercicio era para empezar a aprender a distinguir lo real de lo imaginario, lo cotidiano de lo literario… Y ahora todos en silencio, que vamos a leer cuentos de Navidad, como ya sabéis ésta es la última clase del año.

© AMS Cadiz


1 comentario:

  1. Me enacnto Amador, pero es muy triste, me quedo doliendo el alma...

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